En el curso de la larga historia de Nápoles, las fortificaciones fueron ampliadas, reforzadas, actualizadas y racionalizadas; en algunos lugares, el muro original es aún visible. De la antigua Neapolis, han sobrevivido vías este-oeste, creando hoy día, con calles transversales, islotes perpendiculares a la costa. En otras partes de la ciudad, una red irregular y un trazado en forma de damero recuerdan las épocas medieval y española de Nápoles. Otros acondicionamientos reflejan los períodos más recientes, en particular la plaza del Mercado (s. XIX).
Este marco urbano excepcional ofrece sitios privilegiados a los grandes monumentos: el Castel Nuovo y su arco de triunfo en el puerto, la Cartuja de San Martín en las faldas de la colina Vomero y la villa Floridiana en la orilla. La arquitectura, ya sea religiosa o civil, reproduce la sucesión de estilos: románico, gótico, provenzal y catalán, toscano, renacentista, barroco, clásico y neoclásico. El tejido urbano, salpicado de fundaciones religiosas con interiores muy ricos, es sumamente denso.