2021 – Québec, Canadá

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Mejorando la calidad de vida en las Ciudades del Patrimonio Mundial

Las Ciudades del Patrimonio Mundial exigen las mejores prácticas para garantizar la conservación y valorización de su patrimonio. Estas prácticas también deben tener en cuenta que una ciudad histórica es un lugar dinámico que evoluciona y se adapta a las realidades de las comunidades que hoy día viven en las mismas. La Convención sobre la Protección del Patrimonio Mundial, Cultural y Natural también persigue este objetivo, estableciendo que los Estados Partes deben esforzarse «[..] en adoptar una política general encaminada a atribuir al patrimonio cultural y natural una función en la vida colectiva y [en] integrar la protección de ese patrimonio en los programas de planificación general» (Art. 5 (a)). Es esta capacidad de garantizar la preservación del pasado y, al mismo tiempo, satisfacer las necesidades del presente lo que permitirá a las Ciudades del Patrimonio Mundial ofrecer una notable calidad de vida a sus residentes.

En varios aspectos, estas ciudades son ya modelos exitosos de calidad de vida y bienestar. Su tejido urbano, que en algunos casos se remonta a varios siglos, es un ejemplo de sostenibilidad y la pluralidad de este entorno construido, en sus formas y funciones, fomenta una diversidad esencial para crear comunidades abiertas e inclusivas. Construidas a escala humana, estas ciudades también permiten a quienes viven en ellas disfrutar de espacios públicos de calidad, propicios para las interacciones, los intercambios y la solidaridad entre los ciudadanos. Por lo tanto, no es extraño que esta calidad de vida tan típica de las Ciudades del Patrimonio Mundial sea cada vez más citada como ejemplo, y que algunos de los mayores atractivos de estos lugares se hayan convertido en una fuente de inspiración para los planificadores urbanos y arquitectos que diseñan las ciudades del mañana.

Sin embargo, con la creciente urbanización, las Ciudades del Patrimonio Mundial también están sometidas a fuertes presiones. En algunas de ellas, los alquileres cada vez más caros y el turismo insostenible desplazan a las comunidades locales que han estado viviendo allí durante generaciones. En otras, el desarrollo urbano inviable contribuye a la desaparición de lugares o prácticas que conllevan un inestimable patrimonio tangible e intangible. Y es sin tener en cuenta las crecientes perturbaciones climáticas y las consecuentes crisis humanitarias, que constituyen peligros que pesan cada vez más en este patrimonio de la humanidad. Todos estos problemas, y otros muchos, pueden afectar en gran medida la calidad de vida y el bienestar de las comunidades locales.

Inspirándose en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), en la Nueva Agenda Urbana y en la Recomendación sobre los Paisajes Urbanos Históricos (PUH), la OCPM desea reflexionar sobre las soluciones que permitan resolver estos problemas para mejorar la calidad de vida y fortalecer el carácter único y la identidad de las Ciudades del Patrimonio Mundial. Al aceptar estos desafíos, dichas ciudades podrán convertirse en modelos aún más fuertes de urbanidad y convivencia.

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